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Renfe quiere dejar de ser una compañía ferroviaria limitada a España y convertirse en un operador con presencia en los principales mercados europeos. Sin embargo, su estrategia de internacionalización se enfrenta a obstáculos en tres de los países que concentran sus oportunidades de crecimiento: Francia, Portugal y Alemania.

La operadora ha aparcado temporalmente su proyecto para llegar a París por las dificultades para homologar sus trenes, Portugal refuerza su apuesta por Comboios de Portugal (CP), mientras que una sentencia judicial alemana acaba de tumbar una medida diseñada para facilitar la entrada de nuevos competidores en las líneas de alta velocidad.

La internacionalización permite a Renfe diversificar sus ingresos y aprovechar las oportunidades que ofrece la liberalización ferroviaria europea, pero el acceso a otros mercados depende de factores que van más allá de la competencia comercial: desde las autorizaciones técnicas hasta la disponibilidad de las vías y las decisiones de los gobiernos sobre sus operadores públicos.

Francia es, por ahora, el principal frente abierto. Renfe anunció en abril que aparcaba temporalmente su proyecto para conectar con París mediante servicios de alta velocidad.

La compañía atribuyó la decisión a las dificultades acumuladas durante el proceso de homologación de sus trenes y a la imposibilidad de establecer un calendario fiable para completar los trámites. La decisión no afecta a las conexiones que ya opera entre España y Francia, en particular las rutas de Barcelona a Lyon y de Madrid a Marsella.

La llegada a la capital francesa era uno de los objetivos más relevantes de la expansión internacional de la empresa. Renfe aspiraba a competir en uno de los principales mercados ferroviarios del continente, donde el operador histórico SNCF mantiene una posición consolidada. Las dificultades técnicas han retrasado ese desembarco y han obligado a la compañía española a revisar sus plazos.

Portugal constituye otro de los mercados naturales para la expansión de Renfe por su proximidad geográfica y las conexiones ferroviarias entre ambos países. Sin embargo, el escenario portugués tampoco ofrece una vía de crecimiento sencilla para la operadora española.

El Gobierno luso mantiene a Comboios de Portugal como pieza central de su política ferroviaria y ha reforzado los recursos destinados a la compañía pública. En marzo, el Ejecutivo anunció una ampliación de 318 millones de euros en el contrato de adquisición de trenes de CP, que permitió incorporar 36 unidades adicionales al pedido inicial.

El programa contempla un total de 153 automotores para servicios urbanos y regionales, dentro de una inversión de 1.064 millones de euros.

A esta apuesta por el operador nacional se suma la ampliación de las compensaciones públicas para la prestación de servicios ferroviarios. En este contexto, el refuerzo de la posición de CP puede reducir el espacio para que Renfe encuentre oportunidades de negocio si la prioridad del país vecino pasa por ampliar los recursos y las capacidades de su propia compañía.

La situación obliga a distinguir entre la prestación de servicios internacionales y la posibilidad de competir dentro del mercado portugués. Renfe ya participa en la conexión ferroviaria entre Vigo y Oporto mediante un acuerdo de cooperación con CP, aunque el servicio se presta bajo las condiciones operativas y técnicas pactadas entre ambas compañías.

La expansión hacia otros segmentos dependerá de las decisiones sobre la organización del mercado, los concursos que se convoquen y las condiciones de acceso que se establezcan.

Archivo - Un tren de Renfe en la estación de Chamartín-Clara Campoamor
Un tren de Renfe en la estación de Chamartín-Clara Campoamor. Foto: Europa Press.

Para la empresa española, Portugal representa una oportunidad por la cercanía de sus redes, pero también un mercado en el que el operador público mantiene un papel central. El refuerzo de CP no equivale por sí mismo a un veto a Renfe, aunque sí condiciona el entorno en el que la compañía española podría intentar crecer.

Alemania pierde atractivo para Renfe

El tercer frente se encuentra en Alemania, donde una resolución judicial ha cuestionado el mecanismo que el regulador pretendía utilizar para abrir espacio a nuevos operadores en las líneas más congestionadas.

El Tribunal Administrativo de Colonia ha declarado ilegal la obligación de reservar entre el 25% y el 40% de la capacidad de determinados corredores ferroviarios para los competidores de Deutsche Bahn (DB).

La medida buscaba facilitar la entrada de la italiana Italo, que prepara una inversión de 3.600 millones de euros para comenzar a operar en el mercado alemán de larga distancia en 2028.

Italo había reclamado garantías de capacidad a largo plazo para reducir la incertidumbre de una inversión de esa magnitud. Ante la falta de contratos marco plurianuales, el regulador alemán trató de limitar la cuota de capacidad de Deutsche Bahn en los corredores saturados.

Sin embargo, DB InfraGO, la filial encargada de gestionar las infraestructuras, recurrió la decisión al considerar que la obligación carecía de base jurídica suficiente.

El tribunal ha tumbado esa cláusula, lo que deja sin efecto el instrumento concreto con el que las autoridades pretendían facilitar la entrada de competidores.

Varios trenes de Renfe.
Varios trenes de Renfe.

La sentencia no prohíbe la llegada de Italo ni cierra el mercado alemán a las empresas extranjeras, pero deja pendiente la búsqueda de otro mecanismo que permita compatibilizar la saturación de la red con la apertura a nuevos operadores.

Para Renfe, el alcance es indirecto. La resolución no afecta a sus servicios actuales ni supone que la compañía española haya perdido una autorización para operar en Alemania.

Su importancia reside en que evidencia las dificultades que puede encontrar cualquier empresa que aspire a entrar en un mercado extranjero cuando la capacidad disponible es limitada y las medidas destinadas a favorecer la competencia se enfrentan a obstáculos jurídicos.

La operadora española se encuentra así ante un mapa europeo más complejo de lo que anticipaba su estrategia de expansión. Francia mantiene abiertas las puertas a nuevas oportunidades, pero el proyecto de París ha quedado temporalmente aparcado; Portugal refuerza a su compañía pública y Alemania ha invalidado una herramienta para garantizar capacidad a los rivales de su operador histórico.

El reto para Renfe consiste ahora en convertir su presencia internacional en un negocio con mayor alcance sin depender de calendarios de homologación inciertos ni de unas condiciones de acceso que pueden cambiar en cada país.

La liberalización europea ofrece oportunidades, pero no garantiza que las empresas puedan aprovecharlas en los plazos previstos. Y esa diferencia entre tener derecho a competir y disponer de las condiciones necesarias para hacerlo es, precisamente, el principal obstáculo para el salto internacional de Renfe.

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