Sea por desgaste natural o por disgustos diversos, es normal que a un gobierno se le haga difícil retener el poder más allá de un segundo período de ejercicio. En el caso del PRM – y a dos años de distancia – el no tener un candidato presidencial en potencia y con experiencia para lidiar con éxito las situaciones adversas lleva a pensar que el partido y equipo oficial habrían entrado temprano en una cuenta regresiva o limitadas posibilidades de retorno.
Por otro lado, la sola fecha del 16 de agosto lleva a muchos la creencia de que el jefe del Ejecutivo pudiera introducir cambios en el gabinete, con todo y que, como en el caso actual, del equipo de ministros con los que el presidente Abinader inició su gestión sólo quedan dos, el canciller Roberto Álvarez y David Collado, de Turismo. De los mencionados en posibles cambios, la ministro (con o) Faride Rafúl, se agrega en el camino, y el del titular de Educación, Luis Miguel De Camps, arrancó en el 2020 en Trabajo por cuatro años, pero ambos tienen relativamente poco tiempo en la posición actual. Los dos están en cargos a prueba de fuego, que queman a cualquiera. A la primera, se le ataca solo por ser mujer y joven, por dar el frente y cargar pesado hasta hacerse daño, pero ella no lo ha hecho mal.
En el caso de De Camps, cual hijo del papá, tiene el perfil para Relaciones Exteriores, para donde han puesto a sonar su nombre al acercarse el 16 de agosto -y ¡ojalá!-, pero resulta que hay una creencia muy acentuada de que al actual canciller se le deje hasta el final del período de gobierno.
Algunos le tildarán de “eterno”, pero lo cierto es que es el de la experiencia y los resultados, de Balaguer a la fecha y en distintos gobiernos, solo con la pausa de Hipólito, que cometió el error de no dejarlo por lo menos por seis meses, como en principio se habló. En lo personal, supe de esa posibilidad.
JPM


