El árbitro murciano Pedro Tristante Oliva se convirtió en el foco de todas las críticas en 2004 por pitar el famoso penalti de Carlos Marchena a Raúl González, acción que después pasó a ser conocida como el 'ushiro nage', en el último minuto en el Bernabéu, lo que terminó suponiendo el empate blanco (1-1).

22 años después de aquel encuentro, a diferencia de muchos árbitros de la época, el excolegiado ha sostenido que Enríquez Negreira, vicepresidente del CTA acusado de beneficiar al FC Barcelona, sí tenía influencia en la competición.

"Negreira sí pintaba, claro que pintaba. En el 90% de las veces era el que nos decía a final de temporada si lo habías hecho bien o mal y si ibas a un grupo u otro. Él te recibía en las pruebas físicas, te ponías frente a él y con unos apuntes te decía si en este partido u otro te habías equivocado. Todos sabían que el árbitro que iba el 16 en las listas podía descender y que iba el 5 podía bajar", ha explicado en una entrevista en el diario As.

Aquella acción y su posterior ruido mediático cambió la vida de Tristante Oliva: "Yo en el campo vi que Marchena bloqueaba con el brazo y la pierna a Raúl dentro del área. Acabé contento el partido, pero al acabar llamé a casa y todos me decían que se había liado gorda, algo desproporcionado. Fue muy duro para mí y nunca sentí el apoyo del Comité Técnico de Árbitros. En las famosas listas del 30 de junio me quedé fuera. El apoyo que tuvieron otros árbitros no lo tuve yo".

Tristante Oliva no se sintió apoyado por el Comité Técnico Arbitral tras todas las críticas recibidas. "Dos días después del Real Madrid-Valencia había unas pruebas físicas y cuando iba al campo interrumpí una conversación entre Negreira y Sánchez Arminio, que estaban hablando del dichoso penalti. Me dijeron 'venga, tú tranquilo, olvídalo y a pasar las pruebas'. Pero al alejarme escuché a Negreira decirle: ’Esto es lo que tiene el ordenador [el que entonces designaba automáticamente], hay que quitarlo'. Cuando escuché eso me dije: 'Estás liquidado, Pedro. Te van a usar de chivo expiatorio", ha relatado.

El murciano, recordando la frase de De Burgos Bengoetxea quejándose sobre los insultos que reciben sus hijos por lo que pita o no su padre, ha añadido: "Mis hijos no pudieron ver ni decir eso porque a mí me descendieron al final de esa temporada. A mí, por culpa de ese penalti, me quitaron del medio automáticamente".

Tristante Oliva se frustró al ver que otros árbitros sí se vieron apoyados y pudieron pitar incluso finales de Copa a pesar de sus errores previos: "Inocente de mí, pensé que si había validado un gol con la mano en un partido tan trascendente iba a tener problemas para salvarse. Un gol con la mano es el ejemplo que siempre nos ponían para saber que no ibas a tener nunca un respaldo del Comité Técnico de Árbitros. El error que más se castigaba. No es una jugada gris. Nunca pensé que le iban a dar la final de Copa. Eso te descolocaba".

En cuanto a los pagos del FC Barcelona a Enríquez Negreira, el exárbitro ha asegurado que "aunque no se encontrasen pruebas de haber influido directamente", que cobrara ese dinero del club blaugrana "debería ser sancionable".

"Cuando estás dentro sabes que si te sales de la línea, se acaba todo. Los árbitros no tienen libertad y lo mío fue la prueba, no pude ni despedirme. Aquí todo es a dedo, nadie se atreve a decir nada, solo en 'petit comité'. Si hay que decir que este mató a Manolete, pues lo dicen. Mis vivencias las tuvieron muchos árbitros, pero es más fácil hablar para mí al estar fuera", ha añadido.

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