Tres puntos más se quedan en el Santiago Bernabéu, pero el Real Madrid todavía no convence. Y eso que goleó al Rayo Vallecano. Porque el equipo de José Mourinho firmó una primera parte magistral, goleando a los de Beñat San José, pero se desconectó en la segunda, enfadando a su afición hasta el punto de escuchar pitos. Solo la salida de un Arda Güler muy enchufado, que en 15 minutos revolucionó el partido y dio una asistencia a Mbappé para completar su doblete, frenó la bronca del público.

El regreso madridista a LaLiga tras su triunfal estreno en Champions arrancó con una gran novedad, la primera titularidad de Diomande. Junto a él, tres cambios más: Carreras por Cucurella, Bernardo Silva al lado de Fede Valverde y Rüdiger formando pareja con Konaté para dar descanso a Huijsen. Pero todos los ojos estaban puestos en el fichaje más caro de la historia del club y en cómo se desenvolvía el equipo con un once tan ofensivo.

La apuesta no pudo salirle mejor a Mourinho. Su equipo resistió a la intensa presión franquirroja inicial y a los 15 minutos ya ganaba 2-0. Ya merodeaba el área para entonces, aunque sin demasiada precisión ni peligro. ¿Cómo fue posible? El fútbol es muchas cosas. Es saltar a la presión en el momento justo. Tirar bien un desmarque. Forzar el error del rival. Aspectos a menudo invisibles para el espectador, pero agradecidos en el marcador. Que se lo digan al Madrid y, sobre todo, a Álvaro Carreras.

El lateral izquierdo, consciente de la feroz competencia que tiene por delante esta temporada con Cucurella, aprovechó la oportunidad que le dio el portugués para destrozar al Rayo en tres minutos. En el 13′, provocó un penalti de listo: se le iba el balón, pero metió la puntera para controlar y que Lejeune le arrollara. Lo convirtió Mbappé, que se redimió de su fallo en La Cartuja. Y en el 16′, otra vez puso en la diana al central del equipo de Beñat San José: recogió un mal despeje suyo, tiró la pared con Kylian y él mismo hizo el segundo. Es el partido que necesitaba para reivindicarse tras una mala temporada.

Con el partido encarrilado, el Madrid se soltó. No llegó el tercero por un pelo. Primero, en otro error de Lejeune que tuvo que corregir Pathé Cis para evitar el remate de Mbappé. Y luego, un zapatazo de Vinícius que despejó mal Audero, de estreno bajo los palos del Rayo, al que no llegó el francés por un pelo. La superioridad blanca era absoluta, pero el Rayo es de esos que prefiere morir matando. Y estuvo cerca de hacerlo Camello, inspirado en este inicio de Liga, pero Courtois le negó el gol.

Ni siquiera el aviso rayista pudo sacar de su trance al Madrid. Se gustaban los blancos. Había fluidez en el juego. Bernardo Silva fue el director de orquesta, siempre bien posicionado para ofrecer ayudas y que el partido se moviese a su ritmo. Y dejó sus primeros destellos Diomande, con un par de buenos cambios de ritmo y centros peligrosos que le reconoció el Bernabéu con aplausos.

La vida volvía a ser bonita para el madridismo, que antes del descanso celebró de nuevo. La jugada fue para rendirse: Bernardo abrió para Vini, que condujo a campo abierto para dejarla en el balcón del área para Bellingham, que puso el interior de la bota y mandó a la red el tercero. Se confirma: el mejor Jude está de vuelta.

El Madrid no se conformó. Quería más y tenía todavía 10 minutos de primer tiempo por delante. Pero ni el inglés ni Mbappé, que estrelló un zapatazo en el palo, hicieron más grande la brecha. Solo sobre la bocina del descanso se preocuparon los blancos, en un remate de Pedro Díaz que sacó Courtois. Debió servir de aviso de lo que venía en el segundo tiempo.

Y es que la ventaja sentó fatal a los de Mourinho. De los vestuarios, salió un equipo —sin Valverde y con Camavinga— con la sangre cortada y muy desconectado. Lo pagó con un gol, regalado encima, de Sergio Camello, tras un mal pase atrás de Vinícius, pero pudieron ser muchos más de no ser por su portero. Esa fue la dinámica, pese al tremendo enfado de Mourinho en la banda y del Bernabéu, que volvió a dedicar música de viento a los suyos, hasta que saltó al campo Arda Güler.

El turco dispuso de 15 minutos, pero fueron más que suficientes para dejar claro que este Real Madrid le necesita como si fuese agua en el desierto. Y es que fue protagonista en todos los sentidos: el Madrid recuperó el peligro a balón parado, con dos remates de Dumfries y Rüdiger a centros suyos; estuvo a punto de marcar con un disparo desde fuera del área; y generó dos acciones de gol clarísimas, pero Dumfries no conectó la tijera en una y Audero le negó el doblete a Mbappé en la otra.

Era otro el Real Madrid, de nuevo intenso, de nuevo voraz, de nuevo con el control total del partido. Y cerró la goleada en un contragolpe: Camavinga para Arda y este, para Mbappé, que fulminó al meta de un Rayo que mereció más que irse de vacío. Los tres puntos fueron para los blancos, pese a su intermitencia, con mucho trabajo todavía por delante para dejar de sufrir hasta con el partido encarrilado.

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