Primeros tres puntos en Europa para el Real Madrid de José Mourinho. "Prefiero jugar mal y ganar", había anunciado el técnico portugués justo antes de que el balón plagado de estrellas de la Champions empezase a rodar en el Bernabéu. Fue una premonición. Porque el equipo blanco no tuvo una actuación brillante, sino intermitente, con momentos para golear… pero también para acabar goleado. Al final, se llevó una victoria de supervivencia –con goles de Mbappé y Valverder– y de saber aprovechar las oportunidades para empezar con buen pie su andadura continental.

La solución de Mou a la plaga de bajas en el centro del campo, Trent junto a Fede Valverde en el doble pivote, no pudo salir peor. Ni control del juego ni posesión tuvo el Real Madrid en toda la primera parte. Pero sí actitud, para presionar arriba y tener el peligro que no era capaz de generar desde el juego. Y efectividad de cara a puerta, algo que había echado en falta en la derrota ante el Betis. Dos aspectos que, como mínimo, hacen dudar de lo que realmente significa jugar mal.

Porque, precisamente, ganar en esas dos facetas fue suficiente para doblegar a un Inter de Milán que se presentó en el templo madridista con varios avisos –un balón atrás peligrosísimo de Diouf, un disparo a bocajarro de Thuram que obligó a Courtois a ser héroe y un zapatazo de Lautaro Martínez tras una pérdida de Trent fueron los más claros– pero ningún gol. Ese fue su mayor error. El 0-0 en el marcador pese al abrumador dominio nerazzurri dio alas al Real Madrid, al que hay que reconocerle que no se desconectó ni un minuto pese a verse inferior con el balón.

Tan alta fue la presión blanca, tan atentos estaban los locales, que la primera clara fue para dentro. Estaba siendo asediado el Madrid, pero su estrella salió al rescate. Mbappé apretó a Bisseck y el central sucumbió, entregándole el balón a Brahim para que el marroquí la pusiese para Kylian, que no perdonó.

El tanto no alteró el plan de los de Cristian Chivu, que respondieron con un zapatazo de Çalhanoglu de falta que tuvo que sacar Courtois. Pero sí que debió de haberles servido de toque de atención sobre lo que tramaban los blancos. En otra presión alta, como Benzema en aquella final de Champions ante el Liverpool, Valverde metió la pierna ante el portero interista Josep Martínez e hizo el segundo.

Solo se habían jugado poco más de 20 minutos y el Madrid ya le había dado la vuelta con goles. Y se creció. Hasta el punto de que acabó la primera parte rozando el tercero con una clarísima que solo un paradón de Martínez evitó que acabase en gol de Bellingham.

El segundo tiempo arrancó por los mismos derroteros, con una contra que Mbappé, demasiado solo, no pudo culminar con gol. Pero la dinámica cambió pronto. El Inter metió una marcha más, viendo que se le iban los tres puntos, y tuvo ocasiones de todos los colores para acercarse en el marcador. Pero los de Chivu no pudieron quebrar a un Courtois estelar.

Bellingham pudo sentenciar el partido, pero se equivocó a puerta vacía –controló en vez de rematar– y el Inter le dio emoción al final del partido al recortó distancias en el 77′. Pero aguantó el Madrid, ya con Tchouaméni, para llevarse una victoria de supervivencia.

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