Describir como agónica la victoria del Real Madrid en el regreso de LaLiga al Bernabéu se queda corto. Los blancos, que otra vez dejaron muchísimas dudas, ganaron un partido clave ante el Villarreal para seguir peleando el campeonato con un gol de Diomande, anulado y después validado por el VAR, en un duelo en el que el arbitraje volvió a ser protagonista: Vinícius se fue expulsado, después de marcar, por un tirón de pelo, lo que obligó al equipo de José Mourinho a resistir con uno menos el empuje final del Submarino Amarillo.
Si en Barcelona no hay quien frene al Barça, imbatible líder de LaLiga, en Madrid no hay quien arranque a este Real. No pudo Xabi Alonso, no pudo Álvaro Arbeloa y tampoco parece que pueda José Mourinho. Porque su Madrid no cambió de cara ni sentando a Vinícius Jr. para darle la banda a izquierda a Diomande. Y solo con intentarlo no vale en un equipo que ha ganado 15 Copas de Europa en su historia y lleva dos temporadas sin celebrar ni un solo título en Cibeles.
La primera parte del conjunto blanco se resume fácil: una gran presión, buena actitud, pero sin ideas ni pólvora. La recuperación tras pérdida volvió a ser la mejor noticia del equipo de la capital, que dominó el balón pese a que nunca supo muy bien qué hacer con él. Y eso que tener a Güler sobre el césped siempre le da otro aire. Pero solo con el turco no se puede, al Madrid le falta algo más.
Pese a todos, los blancos dejaron destellos de lo que pueden ser. Pero fueron solo eso, jugadas puntuales. Como la que acabó con Mbappé estrellando el balón en el palo: Arda la picó al área para Carreras, que se desmarcaba hacia delante, y el lateral, de primeras, la dejó para el francés, que perdonó. Se salvó el Villarreal, que tampoco estaba proponiendo demasiado.
El partido volvió a dormirse justo después y, hasta que el ’10′ volvió a tener otra ocasión, apenas hubo emoción más allá de una jugada de Diomande que frenó Freeman para que no se plantase solo en el mano a mano. Hubo que esperar hasta el 20′ para ver al Madrid tener oportunidad de marcar. Esta vez no fue con una jugada coral, si no con un balón largo de Trent, que hizo un gran partido.
Pinchó el balón perfecto Mbappé y casi se cantaba ya el gol en el Santiago Bernabéu, que le indultó por su polémico viaje tras lesionarse durante el parón de selecciones con Francia. Pero al galo le sobró un toque al pisar área y, aunque recortó ante un defensa para evitar perder el balón y abrirse hueco para el disparo, ya solo le quedo una opción para rematar. Y la tapó bien Gulácsi para mantener en el partido al Villarreal.
Un disparo a las nubes de Arda Güler fue lo máximo que pudo volver a proponer el Real Madrid antes del descanso, que le sentó fatal. Volvió al césped dormido, con el único cambio de Cucurella por Carreras. Todo lo contrario que el Submarino Amarillo, que saltó con una marcha más y tuvo a los blancos achicando aguas durante los primeros cinco minutos.
Hasta que Mou movió el banquillo para que entrase en escena un Vinícius que salió enchufado y mejoró al equipo. También a la afición blanca, a la que pidió cariño con continuos gestos a la grada. Su carta de presentación fue un balón con el exterior para Diomande, solo en la otra banda. Le siguieron varias cabalgadas por la izquierda, como las que enamoraron al Bernabéu hace ya más de ocho años.
Pero no fue la entrada del '7′ frenó al Villarreal, sino Thibaut Courtois. El belga siempre está cuando tiene que estar y, con el Madrid pasándolo mal, sacó dos manos providenciales a Pape Gueye, una que venía rebotada y cambiaba de dirección justo al encontrarse con él y otra a media altura, para mantener el empate a cero. Su intervención cobra más relevancia todavía porque a los dos minutos marcaron los blancos.
Medio gol fue de Fede Valverde, que estaba de lateral derecho y rompió líneas metiéndose por dentro desde la banda para encontrar solo a Yan Diomande en el área. No se lo pensó el joven delantero costamarfileño, que se giró el delantero y la clavó ajustadísimo al palo. Pero el tanto no llegó ni a celebrarse, porque el asistente levantó el banderín y se anuló por fuera de juego… hasta la intervención del VAR, que confirmó que el primer gol del fichaje más caro de la historia del Real Madrid debía subir al marcador porque estaba en posición correcta. El alivio se vio claro en el rostro de Diomande, pero también en la alegría de sus compañeros.
Se creció entonces el equipo de Mourinho y acarició el segundo. Pero Mbappé, que no tenía el día, desperdició un caramelo de Vinícius al intentar regatear en el área con todo de cara para marcar. Fue el propio Vini, en la jugada siguiente, el que terminó poniendo el 2-0. Celebró con todo el brasileño, que se quitaba un peso de encima tras un mal inicio de temporada. Le arroparon sus compañeros y hasta Mou, que corrió toda la banda hasta el córner para abrazarle.
Pero le duró apenas unos minutos la alegría al Real Madrid. Porque el VAR llamó al árbitro para alertarle de una acción previa, un tirón de pelo de Vinícius sobre Saliba al inicio de la jugada. Al verlo en la pantalla, lo tuvo claro el colegiado: gol anulado y roja directa a Vinícius, que entró en colera y tuvo que marcharse del campo sujetado por sus compañeros, lo que podría costarle una sanción más dura.
El fútbol murió ahí. Porque el Villarreal apretó ante un Madrid con 10 en busca del empate. Pero los blancos resistieron, a base de trastabillar los últimos minutos de partido con faltas y pérdidas de tiempo. El Submarino Amarillo cayó en la trampa. No fue capaz de empatar y los tres puntos se quedaron en el Santiago Bernabéu para darle aire al equipo blanco, que se pone tercero —a la espera de que juegue el Betis— y vuelve a estar a seis puntos del Barça… con el Clásico en el horizonte.


