Bajo el liderazgo del presidente Luis Abinader, los aspirantes presidenciales del PRM se pusieron de acuerdo para distribuirse, sin traumas, las principales posiciones dirigenciales dentro de la organización política dando con ello una muestra de madurez que deja en el pasado las trifulcas y conflictos que tanto daño les hicieron al antiguo PRD que hoy languidece bajo la opaca e impuesta presidencia del ingeniero Miguel Vargas Maldonado.

Algunos dirigentes de la oposición se quedaron frustrados por la manera ordenada y tranquila con que el partido en el poder manejó su cambio de dirigentes recurriendo a la equidad necesaria para que las distintas fuerzas internas de la organización lograran su cuota de poder en el máximo organismo de dirección que estará presidido por el actual presidente de la República, Luis Abinader.
Algunos críticos alegan que las masas del PRM fueron privadas de participar directamente en la escogencia de sus dirigentes, llegando a cuestionar los méritos políticos, dentro de la organización, del nuevo secretario general Juan Garrigó Mejía, quien, además de su capacidad profesional y militancia de siempre en la organización, goza de mucha simpatía dentro y fuera del partido, aparte de que constituye una práctica común la escogencia unipersonal de hasta los candidatos presidenciales en los partidos de oposición.
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