
Los recientes ciberataques que han afectado a supermercados europeos han encendido las alertas ante la posibilidad de que se produzcan incidentes similares en España, pero el sector de la distribución español considera que cuenta con ciertas características para limitar el impacto de estos ataques, especialmente por la estructura descentralizada de sus sistemas de control remoto y por la separación de las redes internas de las utilizadas por proveedores externos.
Fuentes de la distribución alimentaria han confirmado a este periódico que una de las principales particularidades del modelo español es que resulta poco habitual que los supermercados externalicen el control remoto de sus instalaciones frigoríficas mediante sistemas externos centralizados. Esta estructura puede limitar el alcance de un eventual ciberataque y reducir el riesgo de que una incidencia afecte simultáneamente a establecimientos de distintas cadenas.
Además, otra de las prácticas habituales es la separación entre las redes propias de las compañías y las utilizadas por los servicios externos, una práctica que permite reducir la exposición de los sistemas y limitar las consecuencias de posibles accesos no autorizados.
Desde Consum confirman que en España se separan las redes propias de los supermercados de las utilizadas para servicios externos de control remoto.
Family Cash, por su parte, ha asegurado que no han sufrido ningún incidente similar hasta el momento, aunque ya están valorando con sus proveedores de frío para analizar cómo blindarse ante posibles ataques.
No obstante, las cadenas españolas no están exentas de riesgo. La clave está en la capacidad de cada compañía para identificar sus vulnerabilidades, detectar posibles intrusiones a tiempo y limitar sus consecuencias. En este sentido, la inversión en ciberseguridad debe valorarse frente al impacto económico que puede evitar.
Bruno Fernández, experto en retail, señala que «el daño digital se convierte así en una pérdida física de producto». A su juicio, la protección de los sistemas conectados debe integrarse en las políticas de seguridad alimentaria y continuidad del negocio.
Una oleada de ciberataques afecta a supermercados europeos
Un ciberataque a las instalaciones frigoríficas puede provocar alteraciones en la refrigeración, como ha ocurrido recientemente en distintos puntos de Europa. Hace tres semanas, cientos de supermercados de Francia sufrieron un ataque masivo y la madrugada de este lunes se produjo una segunda oleada, que ha afectado a decenas de supermercados de Bélgica, Luxemburgo, Suecia, Irlanda, Países Bajos, Estonia y Finlandia.
El modus operandi fue el mismo. Los atacantes tomaron el control de los sistemas de refrigeración y elevaron las temperaturas, lo que provocó que toneladas de alimentos se echaran a perder, causando además pérdidas millonarias a las cadenas de supermercados.
El impacto económico de un ataque de estas características, además, no se limita al valor de los alimentos que deben desecharse. También incluye las ventas que dejan de realizarse, las intervenciones técnicas, las retiradas de producto, el trabajo extraordinario y la reposición urgente de existencias.
Además, Bruno Fernández advierte que «recuperar el sistema no recupera el alimento que ya se ha deteriorado» y señala la importancia de detectar las anomalías a tiempo y disponer de protocolos de respuesta.
En cuanto al abastecimiento, un incidente localizado podría provocar faltas temporales de determinadas referencias y desviar las compras a otros establecimientos. Sin embargo, el especialista considera que no debe darse por hecho un desabastecimiento generalizado. Recuerda, en este sentido, que en Portugal el grupo afectado comunicó pérdidas de producto en algunos establecimientos, pero aseguró que el suministro se mantuvo.
Inversión en ciberseguridad
El sector español de la distribución alimentaria realiza un importante esfuerzo inversor para renovar sus establecimientos e instalaciones. Según el Informe de Distribución Alimentaria de Proximidad 2025, las empresas del sector movilizan alrededor de 3.000 millones de euros anuales en aperturas y reformas. De hecho, más de 10.500 supermercados, aproximadamente el 40% de la red, fueron inaugurados o reformados integralmente entre 2020 y 2025.
A estas inversiones se suman las exigencias de adaptación al reglamento europeo F-Gas, que obligará a transformar progresivamente las instalaciones frigoríficas y requerirá más de 2.500 millones de euros. Ahora bien, también presentan un déficit estimado de casi 10.000 técnicos especializados y riesgos de desabastecimiento de refrigerantes de transición.
La descentralización de los sistemas y la separación de redes pueden contribuir a reducir el alcance de los ataques, pero no eliminan la amenaza. La oleada de ataques europeos recuerda que la protección de las instalaciones frigoríficas debe formar parte de la estrategia de seguridad de cualquier cadena de supermercados.
