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Basta ya de culpar a CEPM: La verdad incómoda de la electricidad en Verón y Punta Cana

Verón, La Altagracia.– Es fácil salir en las redes sociales a lanzar acusaciones contra el Consorcio Energético Punta Cana-Macao (CEPM). Apagones, facturas altas y malestar ciudadano se convierten rápidamente en trending topic. Pero convertir la frustración en narrativa de “empresa abusiva” es injusto, simplista y, sobre todo, desconectado de la realidad.

CEPM no es una distribuidora más. Es la empresa que, sin recibir un solo centavo de subsidio del Estado dominicano, mantiene encendida una de las zonas de mayor crecimiento y aporte económico del país. Mientras otras empresas eléctricas operan con apoyo gubernamental, CEPM financia con sus propios recursos la generación, transmisión y distribución en un polo turístico que no para de expandirse.

Sí, sus tarifas son más altas. Y hay una razón muy clara: aquí no hay subsidios. La tarifa es regulada por la Superintendencia de Electricidad según costos reales de combustible, inflación y tipo de cambio. No es un capricho empresarial, es matemática. Durante la pandemia, cuando los precios del petróleo cayeron, CEPM fue una de las pocas que bajó voluntariamente sus tarifas en un 25%. Eso no lo hace una empresa que busca “exprimir” a la gente.

El elefante en la habitación: el robo descarado de electricidad

Es hora de hablar claro. Uno de los principales problemas que nadie quiere mencionar es el robo sistemático de energía. En los últimos meses, la Procuraduría General Adjunta para Asuntos del Sistema Eléctrico ha tenido que intervenir en El Hoyo de Friusa, Verón, Downtown Punta Cana y Bávaro por conexiones ilegales y fraudes.

Cada kilovatio robado lo terminan pagando los usuarios honestos. No solo eso: las conexiones clandestinas sobrecargan la red, queman transformadores y provocan exactamente las averías y apagones de los que luego se quejan. Es una injusticia brutal contra la mayoría que cumple con sus obligaciones.

Quien defiende o guarda silencio ante el robo de luz no está defendiendo al pueblo, está perjudicando a sus propios vecinos.

Treinta años sosteniendo el desarrollo de la región

Hablamos de una empresa que en tres décadas ha invertido más de US$1,500 millones en infraestructura eléctrica en el Este del país. Más de 1,467 kilómetros de redes y una nueva subestación en la Avenida España de Friusa son prueba concreta de su compromiso con el crecimiento de Verón-Punta Cana.

El boom demográfico y turístico de la zona es una bendición, pero también un desafío enorme. No se construyen subestaciones de la noche a la mañana. Mientras la demanda crece a ritmo acelerado, la infraestructura requiere planificación y tiempo. CEPM ha corrido detrás de ese crecimiento, y los resultados están a la vista: es una de las distribuidoras con menores pérdidas técnicas del país y una de las que más rápido responde ante emergencias mayores, como quedó demostrado tras el huracán Fiona.

No es perfecto, pero merece respeto

Nadie dice que CEPM no tenga espacio para mejorar. La comunicación con las comunidades residenciales debe ser más cercana, los tiempos de respuesta en algunas averías tienen que acortarse y la presencia en los barrios debe ser constante. La empresa lo reconoce y ha anunciado medidas concretas en esa dirección.

Pero de ahí a convertirla en el enemigo público número uno de Verón hay un abismo. Acusar de “abusos” a quien mantiene la luz en una zona que aporta miles de millones al turismo nacional es, como mínimo, desagradecido.

Corresponsabilidad o quejas eternas

La electricidad no es un servicio mágico. Requiere inversión, mantenimiento y, sobre todo, usuarios responsables. Quien paga su factura a tiempo, quien denuncia el robo de luz en su calle y quien entiende los desafíos de una zona en pleno desarrollo está contribuyendo a la solución. Quien solo señala y grita en redes, no.

Verón-Punta Cana merece un servicio eléctrico confiable. CEPM ha demostrado durante treinta años ser parte fundamental de ese desarrollo. Es momento de dejar las narrativas fáciles y enfrentar los problemas con honestidad, datos y trabajo conjunto.

Las quejas son válidas cuando son justas. Pero convertirlas en una campaña permanente contra la única empresa que opera sin subsidios en la zona solo retrasa las soluciones reales.

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