La encuesta de ACD-Media correspondiente a octubre de 2026 plantea una discusión que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) no debería reducir a la satisfacción de ocupar el primer lugar en la intención de voto. El oficialismo mantiene la ventaja, pero la Fuerza del Pueblo (FP) también crece, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) conserva una base electoral relevante y una parte importante de la ciudadanía continúa distante de las organizaciones políticas.
Por ello, la cuestión de fondo no es únicamente quién encabeza las preferencias presidenciales dentro del PRM. La verdadera interrogante es qué está ocurriendo con la correlación de fuerzas en el sistema político dominicano y cuáles factores podrían alterar el panorama de cara a las elecciones de 2028.
Los resultados de octubre sitúan al PRM en un 29.7 % de intención de voto, frente al 21.7 % de la FP y el 17.2 % del PLD. La diferencia entre el oficialismo y la organización liderada por Leonel Fernández es de ocho puntos porcentuales.
La ventaja existe, pero debe interpretarse dentro de un escenario competitivo y no como una garantía de continuidad en el poder. En política, encabezar una encuesta significa ocupar una posición favorable en un momento determinado; convertir esa posición en una victoria electoral depende de otros factores, entre ellos la evaluación de la gestión gubernamental, la cohesión partidaria, la participación ciudadana y la capacidad de atraer a los electores aún indecisos o desvinculados de los partidos.
La comparación de las mediciones de julio, agosto y octubre aporta elementos adicionales para el análisis. En julio, el PRM obtenía un 29.1 % y la FP un 20.9 %; en agosto, el oficialismo permanecía en 29.1 % mientras la principal fuerza opositora descendía ligeramente a 20.5 %; en octubre, ambas organizaciones aumentaron sus niveles de apoyo hasta alcanzar 29.7 % y 21.7 %, respectivamente.
La distancia entre ambos partidos fue de 8.2 puntos en julio, 8.6 en agosto y ocho en octubre. En otras palabras, el PRM creció, pero la FP también. El oficialismo mantuvo el liderazgo, aunque no logró ampliar significativamente la brecha respecto a su principal competidor.
El dato exige prudencia
Este matiz resulta fundamental para evitar interpretaciones exageradas. No sería correcto afirmar que el PRM atraviesa una tendencia descendente cuando los números muestran un ligero crecimiento durante el período observado. Pero tampoco sería razonable presentar esa evolución como una demostración definitiva de fortaleza electoral.
Entre julio y octubre, el partido oficial avanzó seis décimas, mientras la FP aumentó ocho. La diferencia entre ambos terminó siendo ligeramente menor que al inicio del período. La lectura política no consiste en dramatizar unas décimas porcentuales, sino en reconocer que el oficialismo continúa al frente sin haber conseguido distanciar de manera significativa a la oposición.
Determinar si existe una tendencia consolidada requerirá observar nuevas mediciones y comparar estudios realizados por distintas firmas, considerando metodologías, fechas de levantamiento y márgenes de error.
El dilema del candidato
La situación se vuelve más interesante cuando se examina la competencia interna del PRM.
David Collado obtiene un 39.4 % de preferencia entre la población general consultada sobre los aspirantes presidenciales de su partido, mientras Carolina Mejía registra un 18.3 %. Entre los propios miembros del PRM, Collado alcanza un 49.9 % frente al 24.6 % de Mejía.
La diferencia es significativa y confirma que el ministro de Turismo ocupa una posición privilegiada en la carrera interna. Sin embargo, existe una distinción que suele perderse de vista: la popularidad de un aspirante no es equivalente a la intención de voto por su partido, y ninguna de las dos variables constituye una predicción automática del resultado presidencial de 2028.
Por esa razón, el debate sobre quién debe ser el candidato del oficialismo no agota el problema político del PRM. Una candidatura puede aportar notoriedad pública, capacidad de movilización y atractivo electoral, pero no sustituye el trabajo organizativo ni elimina por sí sola el desgaste inherente al ejercicio del poder.
Si las dificultades del oficialismo estuvieran relacionadas con la confianza ciudadana, la percepción de la gestión pública, las expectativas económicas o las tensiones internas, el reemplazo o la selección de un candidato no resolvería automáticamente esos desafíos. La candidatura importa, pero también importa la condición en que llegue el partido que la respalda.
Una oposición que sigue creciendo
La Fuerza del Pueblo también ofrece señales que merecen atención. Con un 21.7 % de intención de voto partidaria, conserva una distancia de ocho puntos frente al PRM. No ha logrado alcanzar al oficialismo, pero tampoco puede ser considerada una fuerza secundaria dentro de la competencia electoral.
Su evolución adquiere mayor relevancia al observar las preferencias sobre posibles candidatos. Entre la población general consultada, Omar Fernández registra un 43.7 %, mientras Leonel Fernández obtiene un 34.7 %. Entre los miembros de la organización ocurre lo contrario: Leonel mantiene ventaja.
La diferencia revela una realidad relevante para el futuro de la FP: la percepción pública y las preferencias internas no necesariamente coinciden. Esa divergencia podría influir en los debates internos y en las decisiones estratégicas de la organización durante los próximos años.
El PLD continúa siendo un factor
El PLD tampoco puede quedar fuera de un análisis serio sobre el escenario de 2028.
La organización registra un 17.2 % de intención de voto partidaria. Al mismo tiempo, Gonzalo Castillo encabeza las preferencias entre los aspirantes peledeístas con un 24.9 %, seguido de Abel Martínez con un 20.7 % y Francisco Javier García con un 12.4 %.
Lo importante no es comparar mecánicamente cifras provenientes de preguntas distintas, sino reconocer que el PLD conserva un espacio electoral propio y una capacidad de influencia que podría resultar decisiva en una competencia cerrada o en una eventual segunda vuelta.
En un artículo anterior sostuve que tanto el PRM como la Fuerza del Pueblo cometerían un error si asumieran que el PLD permanecerá inmóvil o que su futuro dependerá exclusivamente de las decisiones de Danilo Medina. Esa reflexión sigue teniendo vigencia.
El PLD posee intereses, estructuras y aspiraciones propias. Danilo Medina continúa siendo un actor relevante dentro de la organización, pero reducir toda la conducta futura del partido a la voluntad de un solo dirigente sería una simplificación excesiva. La estrategia peledeísta dependerá de sus cálculos internos, de la candidatura que finalmente impulse y de las condiciones políticas que prevalezcan durante el proceso electoral.
La hipótesis de una segunda vuelta
De esta realidad surge una posibilidad que merece consideración: una segunda vuelta en la que la Fuerza del Pueblo y el PLD respalden una misma candidatura.
Existen razones para ser escépticos. Las diferencias de liderazgo, los intereses particulares y la competencia por el liderazgo opositor constituyen obstáculos evidentes. Sin embargo, cuestionar la viabilidad de una alianza no equivale a descartar su posibilidad.
La experiencia política dominicana demuestra que las alianzas suelen responder menos a afinidades ideológicas permanentes que a cálculos electorales circunstanciales. Por tanto, sería imprudente presentar un acuerdo entre ambas organizaciones como inevitable, pero también sería un error excluirlo por completo del análisis.
Si se suman los porcentajes de intención de voto de la FP y el PLD en octubre, el resultado aritmético alcanza 38.9 %, frente al 29.7 % del PRM. Evidentemente, esa suma no significa que una eventual coalición obtendría automáticamente ese respaldo. Los votos no se transfieren de forma mecánica. Una alianza puede generar adhesiones, pero también resistencias y abstención.
Aun así, el ejercicio permite visualizar una variable que el oficialismo no debería ignorar: una coordinación efectiva entre las principales fuerzas opositoras modificaría sustancialmente la naturaleza de la competencia electoral.
El problema de fondo: la desconfianza
Existe además un elemento que trasciende la disputa entre partidos.
La encuesta registra que el 59.9 % de los consultados no simpatiza con ninguna organización política y que el 68.9 % expresa poca o ninguna confianza en los partidos.
Estas cifras señalan una realidad que a menudo queda eclipsada por las discusiones electorales: el principal desafío del sistema político dominicano no parece ser únicamente la competencia entre el PRM, la FP y el PLD, sino la creciente distancia entre los partidos y amplios sectores de la ciudadanía.
Un partido puede liderar las encuestas y disponer de una poderosa maquinaria electoral sin haber conquistado la confianza de la mayoría de la población. Los ciudadanos evalúan de manera distinta al Gobierno, al partido y a los candidatos. Confundir esas dimensiones puede conducir a diagnósticos equivocados.
Más allá del nombre del candidato
En este contexto, las disputas internas dentro del PRM adquieren una importancia especial.
La competencia por la candidatura presidencial, el reconocimiento de determinados liderazgos, la distribución de espacios de poder y el funcionamiento de los organismos partidarios pueden afectar la capacidad de movilización de cualquier organización.
La competencia interna no constituye necesariamente un problema. Forma parte de la dinámica democrática de los partidos. La dificultad surge cuando las diferencias se transforman en conflictos que erosionan la confianza, fragmentan la militancia o impiden una acción coordinada.
Ninguna encuesta mide directamente esos factores, pero la experiencia demuestra que pueden influir decisivamente en la capacidad de convertir simpatías declaradas en votos efectivos.
Una ventaja que no garantiza continuidad
La conclusión exige prudencia, pero también realismo.
Los datos disponibles no autorizan a afirmar que el PRM ha perdido el liderazgo ni que la Fuerza del Pueblo está a punto de superarlo. Lo que muestran es que el oficialismo continúa en primer lugar, que la oposición también avanza y que la distancia entre ambos permanece relativamente estable.
A ello se suma la presencia electoral del PLD, la posibilidad de acuerdos opositores y una ciudadanía que expresa elevados niveles de desconfianza hacia los partidos políticos.
Por eso, la cuestión central para el PRM no es únicamente quién será su candidato presidencial. El desafío consiste en determinar si podrá transformar su ventaja actual en una mayoría electoral sostenible. La gestión gubernamental, la cohesión interna, la confianza ciudadana y la capacidad de respuesta de sus adversarios serán factores tan importantes como el nombre que aparezca en la boleta.
El PRM sigue adelante en las encuestas, pero la oposición también avanza. Y en política, ninguna ventaja es permanente, ni ningún resultado está garantizado antes de que los ciudadanos voten.


